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Ps. FERNANDO ALEXIS JIMENEZ y
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--- SECCION EVANGELISMO —


Llamados a una vida con una misión

Por un instante tómese el trabajo de mirar con cuidado el cúmulo de hombres y mujeres que pasan junto a usted. Son personas que encierran un mundo de ideas, una cosmovisión propia, una religión y una cultura particulares. Sus perspectivas de la vida son diferentes entre sí.

Resulta interesante preguntarse si cada una de ellas tienen un propósito claro en la vida. Al fin y al cabo la existencia terrenal es una sola y cada minuto que transcurre, jamás volverá atrás. Por ese motivo aseguramos que cada instante es único e irrepetible.

Si tuviéramos oportunidad de realizar una encuesta entre aquellos con los que tratamos a diario, los resultados serían sorprendentes. Posiblemente muchos de ellos nos dirían que—con sinceridad—no saben para dónde van.

Una vida con una misión. A ella fuimos llamados usted y yo. Sin duda en el plan eterno de Dios no estaba planteado el que viniéramos a transitar de un lugar a otro, sin un rumbo fijo. Por el contrario, su disposición desde que creó el universo y concibió en la tierra a los primeros moradores, Adán y Eva, se orientaba a que cada uno cumpliera una misión específica.

Si volvemos las páginas de la Biblia hallamos la vida de uno de los hombres más sorprendentes de la historia: Abraham. Llamado el padre de la fe. Alguien que marcó un hito histórico para Israel. Fue llamado por Dios a cumplir una misión, y aunque enfrentó reveses y a nivel personal experimentó ambivalencias, la cumplió. El relato lo encontramos en el capítulo 12 del libro del Génesis que le invito para que lea conmigo.

Dios llama a Abraham

Al referirse al llamamiento de Abraham, el texto bíblico señala: “ Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. ”(Génesis 12:1-3) .

Lo primero que descubrimos en estas breves líneas es que Abram –padre exaltado, como traduce del hebreo--, escuchaba la voz de Dios. No de otra manera hubiese tomado conciencia del llamamiento que le estaba haciendo. Es evidente que conocía al Señor. Lo adoraba.

Recordemos que Ur de los Caldeos, que era donde residía, era tradicionalmente una cultura idólatra. La próspera metrópoli fue en sus orígenes ciudad de Nimrod y escenario de la famosa construcción de la torre de Babel. Adoraban a todos los dioses babilonios entre los que sobresalía el dios-luna, conocido como Sin.

En medio del culto demoníaco a diferentes dioses, Abram no se había dejad influir por la prevalencia religiosa de maldad en la que se desenvolvía.

Renuncia y bendiciones

El versículo 1 nos relata que Dios llamó a Abram a renunciar a su tierra, a su familia y a la casa de su padre. Un verdadero reto para cualquiera. Significaba tanto como cortar con sus raíces, con su raigambre.

A cambio de su renuncia a todo lo que lo ataba con lo terrenal, Dios le prometió bendiciones. En primera instancia, hacerle una nación grande (versículo 2). Le anunció que bendeciría su casa y también, acompañamiento de tal manera que aquel que le bendijera sería bendecido, y quien le maldijera sería maldecido (versículo 3).

Obediencia y fe

¿Busca un hombre con una misión? Lo encontrará en Abraham. Se vio confrontado con la renuncia a lo más apreciado . “ Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron. ”(versículos 4 y 5) .

La actitud asumida por el siervo de Dios conjugaba dos elementos: fe y obediencia De otra manera no le hubiese resultado fácil renunciar a todo para ir en pos del llamamiento divino. Recuerde que Dios no le mostró adónde lo llevaría. Simplemente le dijo: “ Sal de tu tierra...a la tierra que te mostraré... ”. Cada paso que diera estaba signado por la fe. Iba hacia donde el Señor le mostrara. Incluía de paso, avanzar por encima de las circunstancias.

Hay otro elemento de significación en el tránsito de Abraham: reconocía a Dios en todos sus caminos: “ Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra. Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido. Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová. ”(Versículos 6 al 8) .

Durante el desplazamiento de la caravana, que cubrió una distancia de 965 kilómetros , en todo momento tuvo presente a Dios. Era Él quien le acompañaba y por supuesto, quien prosperaba su camino.

¿Ha descubierto a éste hombre con una misión específica? Sin duda que sí. Ahora pregúntese: ¿Cuál es la misión que el Señor tiene para usted? Si no la ha descubierto, es hora de que esté orando para que se la revele y comience, con paso firme, a caminar en el plan de Jehová para su existencia...

Basado en los apuntes para el programa de radio “Escuela de Misiones” que se transmite a través de la radio en Santiago de Cali, en Colombia.

© Fernando Alexis Jiménez



Se evangeliza con el testimonio

Corrió como nunca antes. En las tribunas decenas de personas aplaudían. Los rostros se mostraban radiantes por la emoción. Asafa Powell levantó los brazos al llegar a la meta. Había alcanzado un nuevo record. La marca de 9,77 segundos en los 100 metros planos.

El plusmarquista se acercó a las márgenes de la pista, en donde lo esperaban los periodistas. No pretendía llamar la atención, sin embargo y en criterio de los comunicadores, su hazaña lo ameritaba.

Le preguntaron de dónde provenía esa capacidad extraordinaria en la pista. Respondió enfáticamente que de Dios y no de las drogas, como suele ocurrir en el mundo deportivo.

Sonrió a los periodistas y les recomendó decirle al mundo que en el Creador todas las personas encontrarán la fortaleza para salir adelante.

Asafa Powell es hoy el hombre más rápido sobre la tierra. Es jamaiquino, siempre da lo mejor de sí, y se ha fijado la meta de superar siempre su propia marca…

¿Le sonó simpática la historia? Por supuesto que sí. A mí también. Pero, ¿sabe cuál es el centro de todo el asunto? Que Asafa utiliza su testimonio personal como un medio para evangelizar.

En lo que no podemos caer, al testificar, es en la exageración. Si Dios ha hecho algo especial en nosotros, bien vale la pena destacarlo. Pero no dimensionando—como me ha tocado escuchar a muchos hermanos—lo que les ha ocurrido y convirtiéndose en el prototipo de los super-espirituales.

Es necesario que seamos muy equilibrados. No podemos ni debemos irnos a los extremos. Con estar en el medio, vamos bien.

Gracias al testimonio de la forma como se movió el Salvador en la vida de alguien, quien lo escucha puede verse retado e inclinarse para que también en él opere el poder transformador de Jesucristo.

Medite por un instante que si usted se decide y habla a los demás de los cambios que se han producido en su ser al recibir al Hijo de Dios, muchas personas podrían ser alcanzadas para el Reino. ¡Hoy es el día de hacerlo¡ Venza el temor o la incertidumbre y comience ya…

© Fernando Alexis Jiméne z



¡GANA TU CIUDAD PARA CRISTO!

Fernando Alexis Jiménez

¿Quieres ganar el sector que habitas para Cristo e irte extendiendo hasta alcanzar la ciudad? Felicitaciones. En consonancia con la Gran Comisión del Señor Jesús para sus discípulos, esa es la preocupación que debe animarte. ¡Debes comenzar ahora, hoy!

La motivación es el primer paso. Lo demás será solamente “sueños”, y no basta únicamente con pasar el tiempo soñando con ganar las almas para el Reino de Dios.

Además de la motivación, ¿qué otro paso debes seguir? Buscar el compromiso de la iglesia.

Evangelizar no es una tarea que atañe únicamente al pastor o al líder, sino esencialmente a la congregación en su conjunto. Ahora, si no encuentra eco en la fase inicial de esta acción por los perdidos sin Jesús, ¡Dispóngase usted! Es el primer del gran ejército que se formará.

El ayuno y la oración representan un buen comienzo. Son la antesala de la victoria para cualquier campaña que se emprenda.

Una pregunta que surge al paso: ¿Por qué es importante que haya apoyo de los creyentes en la iglesia? Porque conforme se suman al esfuerzo o a cualquier avanzada de predicación de las Buenas Nuevas, jugarán un papel de suma importancia al asumir el discipulado y formación de los nuevos convertidos.

¿Qué hacer si desea comenzar a predicar con la congregación? Es fundamental que, en oración y mapa en mano, identifique las áreas donde localizará las incursiones evangelìsticas.

Además, conviene tener en cuenta la condición social, económica, cultural y étnica de la población objetivo.

Usted no debe compartir el evangelio bajo términos “técnicos” entre quienes a duras penas cursaron la formación primaria. No lo comprenderán y perderá los esfuerzos.

Condiciones del área

Reviste singular importancia que tenga en cuenta las condiciones del área que se propone evangelizar.

Entre los elementos que comparto con usted, se cuentan el que se trate de un sector de fácil acceso, céntrico, espacio. Una sugerencia práctica es acudir al aprovechamiento de avenidas y áreas de tránsito moderado.

Con suficiente antelación realice visitas de exploración. Vaya delante de Dios por ese territorio con pasos de victoria porque, reacuérdelo, usted fue llamado a conquistar las naciones para el Señor Jesús.

Recomendaciones para predicar

La respuesta al interrogante sobre, ¿cómo predicar? es bastante compleja. Realmente es Dios, en su infinito poder y sabiduría, quien le da a cada uno su estilo particular.

No obstante lo anterior, me permito sugerirle que utilice un mensaje básico, centrado en la obra redentora del Señor Jesús. Elimine todo tecnicismo en su exposición. El propósito es predicar a Cristo, no a nosotros mismos ni a la denominación a la que pertenecemos.

Es importante que el abordar a las personas, comencemos tocando puntos comunes que generen interés, principalmente para el oyente. No olvide que un mensaje desabrido o monótono termina por aburrir a nuestro interlocutor y probablemente terminará diciéndonos: “ En otra ocasión hablaremos del asunto ”.

Tenga en mente hacer acopio de ilustraciones prácticas pero creíbles. Sobretodo, no caiga en la tentación de mostrarse así mismo como ejemplo de alta espiritualidad o perfección. No olvide que, a quien buscamos exaltar, es a Jesucristo resucitado.

No dilate más ese gran compromiso que tiene de ganar para Jesucristo a quienes se encuentran a su alrededor, en el barrio, en la comuna, en la ciudad, en la provincia. ¡Hoy es el día de comenzar!

© Fernando Alexis Jiménez



EVANGELIZANDO AL MUNDO SIN CRISTO

Jerusalén era un hervidero de personas. El sol quemaba los rostros de los transeúntes que, sin pedir permiso, se abrían paso. El río humano iba y venía. No tenía una dirección determinada. Sobre los costados, en las casas de barro y madera, se amontonaban los vendedores. Ofrecían la variada gama de productos. Generalmente eran comidas para el viaje. Decenas de parroquianos regresarían esa misma tarde, después de los servicios de adoración a Dios, a sus respectivas provincias.

El hombre abordó el carruaje. No prestó atención a un comerciante que le ofrecía telas a muy buen precio. “ Estoy afanado ”, se limitó a decirle mientras le apartaba con cortesía. “ Vamos ”, ordenó a quienes guiaban el ostentoso vehículo de tracción animal. Le restaba un largo viaje, de varios días, hasta llegar a su destino final: Etiopía, en África. Allí servía a la reina de Candace.

Mientras avanzaban por el camino y poco a poco la ciudad iba quedando atrás, abrió un rollo de las Escrituras. Era el libro de Isaías. Dentro sentía el deseo de saber más acerca del Dios del que había escuchado muchas maravillas. En su corazón palpitaba el anhelo de encontrarle sentido a la vida.

Iba tan ensimismado, que no se percató del hombre que se acercaba corriendo. Le dijo: “Pero, ¿entiendes lo que lees?. Él dijo: ¿Y cómo podré si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiera y se sentara con él...”(Hechos 8:29-31).

Con esta sencilla descripción comienza uno de los pasajes más apasionantes del Nuevo Testamento, en el que de manera sencilla y práctica, aprendemos principios de suma importancia para adelantar la evangelización de quienes no conocen al Señor Jesús como su único y suficiente Salvador.

Sea un instrumento en las manos de Dios

El éxito en el proceso de evangelización no lo representan las grandes campañas que se anuncian por radio, televisión y prensa y que cada día toman más elementos del mercadeo secular para cautivar personas. No dudo que los anuncios despiertan interés y es probable que una u otra persona vaya al lugar de reuniones.

Pero pasamos por algo un hecho esencial: quien desea proclamar el evangelio de Jesucristo debe convertirse en un instrumento útil en las manos de Dios. ¿De qué manera? Permitiendo que el Supremo Hacedor transforme su existencia. Como un hábil escultor, Él formará en nosotros el carácter que desea para que podamos servirle en su obra.

Felipe, más conocido como el evangelista y quien fue el hombre que llevó al eunuco etíope a los pies de Cristo, es un ejemplo claro de quien se deja tratar por Dios. Observemos algunas características: 

Intima relación con Dios

Las personas que son utilizadas por el Dueño de la obra, son aquellas que están dispuestas a ser tratadas por Él para servirle conforme a Su voluntad. “Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto”(Hechos 8:26).

¿Cómo pudo identificar la voz del Creador? Por una razón sencilla: había aprendido a conocer Su voz en íntima relación con Él mediante la oración y la meditación en su Palabra.

Hay quienes obran movidos por la emoción y creen haber escuchado el mandato divino, se mueven y comprueban—para su desilusión—que era producto de su imaginación o quizá de su deseo de hacer las cosas. No habían escuchado al Creador.

Obediencia a Dios

Las Escrituras nos indican que apenas recibió las instrucciones , “Entonces él se levantó y fue”(Hechos 8:27 a). Felipe no discutió las órdenes ni las puso bajo la lupa del racionalismo. Obedeció. Sabía que Dios es perfecto en cuanto hace y que, si caminamos en Su voluntad, todo saldrá bien.

El fundamento, las Escrituras

Algo interesante en la evangelización que emprendió Felipe y que arroja luces a nuestro desenvolvimiento hoy, es que su fundamento eran las propias Escrituras y no la mera palabrería.

Tras leer el texto, “Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto: de si mismo, o de algún otro. Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús”(Hechos 8: 34, 35).

Hace pocos días me invitaron a una campaña evangelística. No era yo quien iba a predicar, sino un pastor invitado. Puse atención al mensaje, sin embargo no escuché sino gritería. No había mensaje de fondo. El amado hermano quizá pensó que impresionando a la gente con gestos y vociferación, lograría el objetivo de evangelizar a quienes no tenían a Cristo en su corazón. La esencia al compartir las Buenas Nuevas de Jesucristo son las Escrituras.

Evangelizar, no presionar

Es de suma importancia que comprendamos que si nos movemos bajo el poder del Espíritu Santo, usted y yo somos simplemente instrumentos. Él hace lo demás. Presionar despierta aversión al Evangelio. Quien presiona no obra en las fuerzas de Dios sino en las suyas propias.

“Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué imíde que yo sea bautizado?(Hechos 8:36).

Observe que Felipe no ejerció coacción sobre él. Simplemente le compartió la Palabra de vida, y el Señor se manifestó llevando al convencimiento del eunuco etíope.

El centro del Evangelio es Jesucristo

¿Quién es evangelista? Quien predica a Jesucristo. No es quien se para frente a una cámara de televisión a proclamar el “ evangelio de la prosperidad ” o cómo llegar a ser “ super-ungido ”, sino quien se centra en Jesucristo. Las otras cosas vienen por añadidura: progreso físico, económico y espiritual.

Lamentablemente muchos predicadores son producto de una campaña publicitaria, bien que la hagan otros en su favor o que las propicien ellos mismos. Pocos son los que emergen como fruto de su entera consagración a Dios.

“Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendierton ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”(Hechos 8:37, 38).

Estas sencillas pautas son válidas y aplicables en nuestro contexto. Usted puede tornarlas realidad en su trato con las personas que no han tenido un encuentro personal con el Señor Jesucristo.

Recuerde que, si depende de Dios, Él hará la obra... Decídase, comience ahora a ganar almas para Cristo el Señor...

® Fernando Alexis Jiménez


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Revisado el: 25 de Febrero del 2007